Las grandes compañías tienen un problema aunque ellas aún no lo saben. Se trata de la nueva y potente capacidad para hacerse oír de las pequeñas marcas desconocidas.

Cada persona muestra ahora su poder en internet. Pero no nos engañemos: sólo se levantarán los nuevos “miserables” de este mundo, si tienen algo suficientemente relevante que decir; o si la causa merece la pena; o si logran entender el ADN de los social media.
El lento biorritmo de las empresas grandes facilita sentir bajo sus pies la revolución de estos nuevos “miserables”, ciudadanos (clientes, votos, opiniones, influencia…) con voz frente a los medios mediatizados por miserables intereses.
Hay que estar preparados: tanto para el asalto como para la defensa. Lo importante es saber en qué bando nos encontramos.

